Una vida forjada entre el dolor y la palabra

Ángel B. Arechinolaza

Ángel Bernardo Arechinolaza Garrido nació en Logroño el 28 de enero de 1981. Su historia comienza en Ezcaray, marcada por la ausencia temprana de su padre Jesús Carlos y por el ejemplo inquebrantable de su madre, Blanca, de quien aprendió el valor del esfuerzo: la vio trabajar sin descanso en dos empleos para sacar adelante a sus tres hijos, grabándole a fuego unos valores que hoy son su brújula.

Empezó a trabajar a los trece años en una panadería compaginándolo con los estudios. Desde entonces no paró: desde la fábrica de butacas que le permitió recorrer casi todo el mundo, hasta los veranos y fines de semana como camarero en el mítico bar Roypa, donde encontró a la familia que uno elige.

«Escribo porque las palabras me devolvieron la vida. Publico mis novelas convencido de que, incluso cuando la vida limita el cuerpo, la escritura siempre encuentra la manera de dar alas.»

A los 32 años, su vida dio un vuelco irreversible. Un diagnóstico de síndrome de Tarlov —una enfermedad rara— le sumergió en un laberinto de dolor crónico, cirugías y una incomprensión médica que casi le arrebató la esperanza. Tras enfrentar una relación de maltrato psicológico y un proceso judicial doloroso —donde fue el primer hombre en La Rioja en ganar un juicio de este tipo—, tocó fondo. En 2015, tras un intento autolítico, ingresó voluntariamente en la planta de psiquiatría del Hospital San Pedro. Allí ocurrió algo inesperado: descubrió el mundo salvador y sanador de la lectura y la escritura.

La vida le golpeó de nuevo al llevarse a su madre en 2016, y a los 42 años comenzó a depender de una silla de ruedas. Sin embargo, se define con una sola palabra: resiliencia. Se formó en Historia del Arte y Psicología a través de la escritura para dar sentido a su proceso. Hoy, gracias al apoyo incondicional de sus hermanos Rafa y Carlos, de sus grandes amigos y, sobre todo, al motor de su vida —su hija Estela— y al sanador perdón silencioso de su hija Alba tras diez años de distancia, ha vuelto a ser el Ángel feliz que siempre fue.​